«Es verdad, lo he visto en un vídeo».
Puede que hayas escuchado una frase parecida en casa o en clase. La respuesta rápida sería explicar por qué ese vídeo es fiable o por qué no lo es. Pero podemos probar otra cosa:
¿Qué has visto en el vídeo que te hace pensar que es verdad?
Una pregunta sencilla cambia la conversación. El niño tiene que detenerse, buscar una razón y explicar cómo ha llegado a su conclusión.
Las preguntas de pensamiento crítico para niños y adolescentes buscan precisamente eso: pasar de una respuesta inmediata a un razonamiento que pueda explicarse, comprobarse y, cuando aparecen mejores argumentos o nueva información, revisarse.
Project Zero utiliza pequeñas rutinas de preguntas para hacer visible el pensamiento. Si quieres profundizar en esta forma de trabajar, puedes consultar también nuestra guía sobre preguntas provocadoras para despertar el pensamiento crítico.
A continuación encontrarás 30 preguntas organizadas por edades, con ejemplos para utilizarlas en casa o en el aula. Las franjas son orientativas: una misma pregunta puede simplificarse o hacerse más exigente según el niño, el tema y la situación.
¿Qué preguntas ayudan a desarrollar el pensamiento crítico?
Una buena pregunta no tiene por qué ser complicada. Muchas veces basta con pedir que el niño explique cómo lo sabe, qué información está utilizando o qué otra posibilidad podría existir.
Preguntas como «¿qué te hace pensar eso?», «¿cómo podríamos comprobarlo?» o «¿qué cambiaría si…?» obligan a ir un poco más allá de la primera respuesta.
Project Zero, de la Harvard Graduate School of Education, utiliza precisamente pequeñas rutinas de preguntas para hacer visible el pensamiento. Algunas se centran en formular afirmaciones y buscar evidencias; otras invitan a generar posibilidades, comparar perspectivas o preguntarse cómo ha cambiado una idea después de aprender algo nuevo.
Esto no significa convertir cada conversación familiar o actividad de clase en un ejercicio. El valor aparece cuando la pregunta surge en un contexto que tiene sentido y dejamos tiempo para responder.
La pregunta importa, pero lo que hacemos después también
Imagina este diálogo:
—Creo que ese personaje fue injusto.
—¿Por qué?
—Porque sí.
Podríamos insistir con otro «¿por qué?», pero probablemente obtendríamos poco más.
Resulta más útil concretar:
—¿Qué hizo el personaje que te pareció injusto?
Y después:
—¿Crees que él veía la situación de la misma manera?
Ya no estamos buscando una respuesta correcta. Estamos ayudando al niño a observar, justificar y considerar otro punto de vista.
Ese es el uso que proponemos para las siguientes preguntas.
10 preguntas de pensamiento crítico para niños de 6 a 8 años
A estas edades conviene partir de situaciones que puedan ver, recordar, comparar o imaginar con facilidad. Podemos trabajar el razonamiento sin recurrir todavía a conceptos muy abstractos.
- ¿Qué has visto que te hace pensar eso?
Ayuda a diferenciar una idea de las pistas utilizadas para llegar a ella. Si responde de forma muy general, podemos continuar con: «¿Hay algo concreto que hayas visto u oído?». - ¿Cómo se lo explicarías a alguien que no estaba aquí?
Obliga a ordenar la información y decidir qué detalles son necesarios. Funciona muy bien después de un experimento, una excursión, un cuento o un pequeño conflicto. - ¿Qué crees que ocurrirá después? ¿Por qué?
No importa tanto acertar como explicar la predicción. Después podemos comprobar qué ocurrió realmente y comparar ambas cosas. - ¿En qué se parecen estas dos cosas y en qué son diferentes?
Puede utilizarse con animales, personajes, objetos, soluciones matemáticas o situaciones cotidianas. Comparar exige fijarse en características concretas y no quedarse con una impresión general. - ¿Qué otra solución podríamos probar?
Resulta especialmente útil cuando algo no funciona a la primera. Una torre se cae, faltan materiales para una manualidad o dos niños quieren utilizar el mismo objeto. La pregunta abre la puerta a buscar alternativas. - ¿Cómo podríamos comprobar si tenemos razón?
Podemos probarlo, observarlo, buscar información, preguntar a alguien que conozca el tema o comparar varias fuentes. Lo importante es empezar a entender que algunas ideas pueden comprobarse. - ¿Todos verían esta situación de la misma manera?
Un personaje de un cuento, un compañero o una persona que estaba en otro lugar puede tener información y necesidades diferentes. La pregunta introduce la idea de perspectiva de una forma comprensible. - ¿Qué cambiaría si quitáramos una parte?
Prueba con una bicicleta, una receta, una planta, un cuento o las reglas de un juego. Pensar qué función tiene cada elemento ayuda a comprender cómo se relacionan las partes de un conjunto. - ¿Qué podría haber ocurrido de otra manera?
Después de una historia o una experiencia, invita a imaginar alternativas: «¿Qué habría pasado si el personaje hubiese pedido ayuda?». - ¿Qué pregunta nos falta hacer?
Es una de las más interesantes porque el niño deja de limitarse a responder. Ahora tiene que decidir qué necesita saber.
No hace falta utilizar las diez. En una conversación cotidiana, una buena pregunta y tiempo suficiente para pensar pueden dar mucho más juego que una batería completa.
10 preguntas de pensamiento crítico para niños de 9 a 12 años
Entre los 9 y los 12 años podemos pedir algo más: que distingan lo que saben de lo que suponen, que busquen razones, comparen fuentes sencillas y expliquen por qué una opción les parece mejor que otra.
- ¿Qué razones apoyan esa idea?
Decir «estoy de acuerdo» es fácil. Explicar por qué exige ordenar argumentos. Podemos pedir después que elija cuál de sus razones considera más fuerte. - ¿Qué información necesitaríamos para estar más seguros?
Esta pregunta introduce algo muy útil: a veces no tenemos datos suficientes para decidir. Reconocerlo también forma parte de razonar bien. - ¿Esto es un hecho, una opinión o una interpretación?
Puede utilizarse con noticias sencillas, textos escolares, vídeos, comentarios o relatos. No siempre será fácil clasificarlo, y precisamente ahí puede comenzar una buena conversación. - ¿Qué otra explicación podría encajar?
Si una planta se ha marchitado, quizá le faltó agua, tuvo demasiado sol o sufrió otro problema. Buscar explicaciones alternativas evita quedarse automáticamente con la primera. - ¿Qué diría alguien que no estuviera de acuerdo contigo?
No se trata de abandonar la propia opinión. Se trata de comprender qué argumentos podría utilizar otra persona. - ¿Dónde podríamos comprobar esta información?
Un libro, una web institucional, un especialista, una noticia o una enciclopedia no ofrecen exactamente el mismo tipo de información. Esta pregunta permite empezar a hablar de fuentes sin convertir la actividad en una clase teórica sobre internet. - ¿Qué dato es el más importante para tomar esta decisión?
Cuando hay mucha información, necesitamos seleccionar. Puede plantearse al elegir entre dos excursiones, comparar productos o resolver un problema matemático con datos relevantes e irrelevantes. - ¿Qué consecuencias podría tener cada opción?
«¿Qué pasa si elegimos A? ¿Y si elegimos B?». Anticipar consecuencias permite mirar un poco más allá del resultado inmediato. - ¿Qué información podría hacerte cambiar de opinión?
Cambiar de idea no tiene por qué significar haber perdido una discusión. A veces significa que hemos encontrado una evidencia mejor. - ¿Cómo explicarías a otra persona por qué has elegido esa solución?
Una respuesta resulta más sólida cuando podemos reconstruir el camino seguido para llegar a ella.
Este mismo proceso puede trasladarse a problemas concretos mediante ejercicios de lógica y razonamiento para Primaria, donde importa tanto encontrar una solución como explicar el camino seguido.
La rutina Claim, Support, Question de Project Zero utiliza una lógica muy parecida: formular una afirmación, identificar qué la respalda y plantear nuevas preguntas sobre aquello que todavía no está explicado.
10 preguntas de pensamiento crítico para adolescentes
Con los adolescentes podemos introducir situaciones más complejas: titulares, redes sociales, publicidad, inteligencia artificial, decisiones personales o argumentos en los que la respuesta no es evidente.
Aquí interesa también aprender a convivir con cierta incertidumbre. A veces la conclusión más razonable no será «esto es verdadero» o «esto es falso», sino «con lo que sabemos ahora, esta explicación parece mejor, pero falta comprobar…».
- ¿Quién afirma esto y cómo podría saberlo?
Obliga a mirar más allá del mensaje. No es igual una persona que presenció un hecho, un especialista que estudia el tema, una cuenta anónima o alguien que repite información de otra fuente. - ¿Qué pruebas apoyan esta afirmación y cuáles faltan?
Puede aplicarse a una noticia, una explicación científica, una publicidad o una discusión. También permite distinguir entre aportar una prueba y limitarse a repetir la conclusión. - ¿Qué estamos dando por cierto sin haberlo comprobado?
Muchos razonamientos contienen supuestos que pasan inadvertidos. Detectarlos puede cambiar completamente una conclusión. - ¿Qué diría una persona bien informada que estuviera en desacuerdo?
El objetivo no es inventar una postura absurda que resulte fácil derrotar, sino intentar comprender el mejor argumento contrario. - ¿Esta fuente pretende informar, convencer, entretener o vender algo?
Las intenciones pueden mezclarse. Un creador puede informar y a la vez promocionar un producto. Detectar el propósito ayuda a interpretar mejor el mensaje. - ¿Qué sabemos y qué estamos suponiendo?
Una fotografía, un vídeo corto o un titular pueden mostrar una parte de una situación. Antes de completar mentalmente lo que falta conviene separar los datos disponibles de nuestras inferencias. - ¿Qué consecuencias tendría esta decisión dentro de una semana? ¿Y dentro de un año?
Cambiar la escala temporal modifica muchas decisiones. Lo atractivo a corto plazo puede tener costes posteriores, y también puede ocurrir lo contrario. - ¿Qué tendría que ocurrir para que cambiaras de opinión?
Si la respuesta es «nada», merece la pena preguntarse si estamos analizando la información o simplemente defendiendo una posición. - Si una inteligencia artificial te diera esta respuesta, ¿qué comprobarías antes de utilizarla?
Podemos revisar datos, operaciones, fuentes, fechas, citas o conceptos importantes. Una respuesta bien redactada no demuestra por sí misma que sea correcta. - Después de escuchar las distintas posiciones, ¿qué conclusión puedes defender y qué dudas mantienes?
El pensamiento crítico tampoco exige tener una certeza absoluta sobre todo. Una buena conclusión puede reconocer sus límites.
Cómo utilizar estas preguntas sin convertir la conversación en un interrogatorio
No hace falta responder a cada opinión infantil con una nueva pregunta. Sería agotador para todos.
Preguntas como «¿qué cambiarías la próxima vez?» también conectan con procesos de planificación, flexibilidad y revisión relacionados con las funciones ejecutivas en niños.
Si un niño explica algo incorrectamente porque le falta información, podemos dársela. Si necesita ayuda, ayudamos. Y si simplemente está contando cómo le ha ido el día, quizá ese no sea el momento para analizar cada frase.
Cuando sí queremos profundizar, funciona mejor escoger una pregunta, escuchar la respuesta y continuar a partir de lo que el niño ha dicho.
Project Zero recomienda dar tiempo para pensar y utilizar las rutinas como estructuras que ayudan a razonar, compartir ideas y explorar distintos puntos de vista, no como cuestionarios que haya que completar a toda velocidad.
También podemos reconocer una respuesta inesperada:
—No había pensado en esa posibilidad. ¿Qué te hizo llegar a ella?
Así el adulto no ocupa siempre el papel de quien ya conoce la solución.
Cuatro momentos cotidianos en los que estas preguntas funcionan especialmente bien
Después de un cuento, una película o un vídeo
En lugar de preguntar únicamente «¿te ha gustado?», podemos aprovechar una decisión del personaje:
¿Por qué crees que hizo eso?
Después:
¿Qué otra opción tenía?
Y, si el niño propone una alternativa:
¿Qué podría haber ocurrido entonces?
La historia deja de ser algo que simplemente hemos visto y se convierte en material para razonar.
Cuando aparece una noticia o información en internet
Supongamos que llega al grupo de clase un vídeo acompañado de un mensaje alarmante.
Antes de decidir que es verdadero o falso podemos preguntar:
- ¿Sabemos quién lo publicó?
- ¿Hay algún lugar donde podamos comprobarlo?
- ¿El vídeo demuestra todo lo que afirma el mensaje?
No pretendemos que un niño o adolescente se convierta en verificador profesional. Queremos introducir el hábito de no confundir «lo he recibido» con «está comprobado».
Cuando hay que tomar una decisión
Elegir una actividad, organizar el tiempo disponible o decidir qué comprar también permite pensar.
Podemos cambiar «¿cuál quieres?» por:
¿Qué es lo más importante para decidir?
Después se pueden comparar las opciones utilizando ese criterio.
El adulto sigue participando en la decisión cuando le corresponde. Practicar pensamiento crítico no significa dejar al niño solo ante decisiones que todavía necesitan supervisión.
Cuando no estamos de acuerdo
El desacuerdo ofrece una oportunidad interesante siempre que el objetivo no sea demostrar quién gana.
Una pregunta especialmente útil es:
¿Qué parte de lo que dice la otra persona puedes entender aunque no estés de acuerdo con su conclusión?
Comprender un argumento no obliga a aceptarlo.
Cómo crear tus propias preguntas de pensamiento crítico
No necesitas memorizar una lista.
Cuando un niño expresa una idea, puedes recorrer mentalmente este pequeño camino:
idea → razones → evidencias → alternativas → consecuencias → revisión
Por ejemplo:
«Este es el mejor videojuego».
Podríamos responder:
¿Qué significa para ti que sea el mejor?
La conversación ya ha cambiado. Quizá para el niño «mejor» significa más divertido, más difícil o el que utilizan sus amigos.
Después podemos seguir:
¿Con cuáles lo estás comparando?
Y finalmente:
¿Crees que otra persona podría preferir otro y tener buenas razones?
La primera afirmación no tenía por qué ser incorrecta. Lo que faltaba era descubrir qué criterio había detrás.
Este tipo de preguntas se aproxima a las rutinas de pensamiento que proponen explorar razones, evidencias, perspectivas y nuevas posibilidades. La rutina Creative Question Starts, por ejemplo, utiliza comienzos como «¿qué ocurriría si…?» o «¿qué cambiaría si…?» para abrir nuevas líneas de investigación.
Del diálogo al juego
El pensamiento crítico también puede trabajarse mediante situaciones en las que haya pistas que analizar, hipótesis que descartar y decisiones que justificar.
Una posibilidad es utilizar un pequeño misterio. En Detectives de misterios lógicos, los niños analizan evidencias, formulan preguntas y construyen una explicación a partir de las pistas disponibles. Es una forma de trasladar muchas de las preguntas anteriores a una dinámica de grupo.
También puede combinarse con actividades de pensamiento creativo, porque buscar soluciones alternativas y analizar después cuáles funcionan mejor son procesos que pueden complementarse. Educa y Aprende cuenta con un contenido específico dedicado a las habilidades del pensamiento creativo.
En tareas que exigen planificar, anticipar, cambiar de estrategia o revisar una decisión también intervienen procesos relacionados con las funciones ejecutivas.
Preguntas frecuentes sobre pensamiento crítico en niños
¿A qué edad se puede empezar a trabajar el pensamiento crítico?
No hace falta esperar a que un niño pueda debatir cuestiones complejas. Con los más pequeños podemos partir de acciones sencillas: observar, comparar, explicar qué han visto, anticipar qué podría ocurrir o imaginar otra solución.
La complejidad de las preguntas debe aumentar de forma gradual. Una pregunta sobre las pistas de un cuento para un niño de siete años y otra sobre la fiabilidad de una fuente para un adolescente pueden perseguir un objetivo parecido con exigencias muy diferentes.
¿Qué tipo de preguntas ayudan más a pensar?
Son especialmente útiles las que no se resuelven con un sí o un no y obligan a explicar el razonamiento: ¿cómo lo sabes?, ¿qué prueba tienes?, ¿qué otra explicación podría existir?, ¿qué pasaría si…?, ¿qué piensa la otra persona? o ¿qué te haría cambiar de opinión?
No existe una fórmula que funcione igual en todas las situaciones. La pregunta debe adaptarse a la edad, los conocimientos previos y el tema que se está tratando.
¿Hay una respuesta correcta?
Depende de la pregunta.
Si preguntamos cuánto mide un objeto, existe una respuesta que podemos comprobar. Si preguntamos cuál sería la mejor solución para un problema con varias alternativas, puede haber más de una respuesta razonable.
En estos casos interesa especialmente cómo se justifica la respuesta.
«Elegiría esta opción porque…» ofrece mucho más material para pensar que limitarse a acertar la alternativa que el adulto tenía prevista.
¿Cómo trabajar el pensamiento crítico con adolescentes?
Los temas cercanos a su vida ofrecen muchas oportunidades: redes sociales, publicidad, vídeos, noticias, decisiones de consumo, normas, inteligencia artificial o conflictos cotidianos.
Podemos pedirles que identifiquen quién hace una afirmación, qué pruebas aporta, qué información falta, qué argumentos podrían cuestionarla y qué dato les haría revisar su postura.
El objetivo no es enseñarles a desconfiar de todo. Es ayudarles a preguntarse qué saben, en qué se apoyan y hasta dónde pueden defender una conclusión.
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