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La paternidad y la maternidad imperfectas

El ejercicio de la paternidad y la maternidad se ha convertido en una labor exigente, en la que nos vemos inmersos en una competitividad extrema y un nivel de exigencia demasiado alto. Los padres y las madres de hoy en día se exigen ser los progenitores perfectos, aun con consecuencias en su propia salud y en la de sus hijos e hijas.

Los niños y niñas han de ser perfectos, convertirse en el hijo o hija modelo, que saque buenas notas, que tenga muchos amigos y amigas, que sea educado, pero atrevido, popular y cariñoso, bueno en deportes, en música, etc. Sin embargo, los padres y madres no tienen que ser perfectos y los niños y niñas no pueden convertirse en trofeos de esa maternidad o paternidad perfecta.

 

La paternidad y maternidad perfectas.

En una sociedad competitiva, donde prima por encima de todo ser el mejor y tener más, no es de extrañar que esta competitividad se extienda también al ejercicio de la paternidad y la maternidad. Sin embargo, esta manera de ejercer como progenitores puede tener graves consecuencias sobre los mismos progenitores y sobre los niños y niñas.

  • Los niños y niñas se convierten en trofeos, que muestran el buen ejercicio de la paternidad y la maternidad. Trofeos de los que hay que presumir, para demostrar los resultados en la competición. Al hacer esto sometemos al niño o niña a un elevado nivel de exigencia, de perfeccionismo, de tener que estar a la altura y dar la talla, y esto puede generar frustración, estrés, rebeldía, e incluso depresión en años futuros.
  • Los padres y madres también viven sometidos a un elevado nivel de exigencia, y genera estrés, ansiedad y otros problemas.
  • Las relaciones familiares se resienten, y pueden aflorar conflictos.
  • La preocupación por la perfección, deja de lado otras áreas de interés, mucho más importante. El ejercicio de la paternidad y la maternidad se centra en poder lucir ese trofeo, pero podemos estar dejando de lado, el desarrollo emocional, la educación en valores, a veces la disciplina, etc.
  • La relación entre progenitores e hijos, hijas se desvirtualiza. El hijo o hija se convierte en un objeto del progenitor, en parte del mismo progenitor, sin dejar que se desarrolle su identidad.

Alejarnos de la maternidad o paternidad perfecta.

Los progenitores no tienen que ser perfectos, tiene derecho a no serlo, es más deben no ser perfectos. Los niños y niñas, no necesitan padres y madres perfectos, no necesitan convertirse en el fruto de un modelo de padre o madre perfecto. Los niños o niñas necesitan poder desarrollarse sanos y felices, necesitan poder crecer con límites, pero sin tener que ser perfectos. La familia, y la relación entre padres-madres e hijos-hijas debe basarse en el afecto y el respeto, no en jugar juntos en una competición imposible.

Es una necesidad alejarnos de la maternidad y la paternidad perfecta, asumir que lo que necesitan nuestros hijos e hijas son padres y madres reales, y comprender que para ser mejor madre o padre, no necesitamos tener hijos o hijas perfectas. Es más, no necesitamos ser el mejor padre o la mejor madre del mundo.

 

Celia Rodríguez Ruiz

 @educa_aprende

 

 

 

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