El peligro de exigir demasiado a los niños

exigir demasiado a los niños

A menudo desde las familias nos adentramos en una aparente competición por lograr que nuestros hijos sean los mejores. Queremos que saquen las mejores notas, que sean los más educados, que  destaquen en deportes y extraescolares, etc. Es común escuchar a los progenitores reunidos en las puertas de los centros escolares recalcando los logros de sus pequeños. Pero ¿cómo afecta está competición a los niños? ¿Exigimos demasiado a los niños?


¿Por qué se exige a los niños?

Vivimos en una sociedad en la que la competición está a la orden del día, el valor de las personas se mide por los logros que consigue. En esta sociedad competitiva, basada en valores superficiales, es lógico, aunque no deseable, que esta tendencia se refleje en la manera de educar. Los padres y madres buscan tal vez sus propios logros a través de los logros de los niños y exigen metas muy elevadas.

De modo que muchos niños están sometidos a unas exigencias casi similares a las deportistas de elite, queremos que saquen las mejores notas, que sean buenos amigos, que sean los mejores en deportes, que sean educados, graciosos, etc. A veces las exigencias van por encima del propio proceso y del bienestar….les exigimos logros, pero ¿sabemos si son felices?


¿Debemos exigir a los niños?

Cuando hablamos de exigir a los niños o no hacerlo el truco está en encontrar el equilibrio. La ausencia de exigencias es negativa, pero exigir demasiado a los niños también.

En lugar de exigir podemos hablar de favorecer el compromiso con sus obligaciones y metas. No se trata de exigir que sean de determinada manera o que logren objetivos o metas demasiado altas, sino de enseñarles a comprometerse con sus metas y con el logro de objetivos personales, adaptados a las características y necesidades de cada niño.


Los peligros de exigir demasiado a los niños

Cuando exigimos demasiado, el niño se olvida del proceso, no presta atención a su camino a su desarrollo personal. Unas exigencias demasiado elevadas, generan tensión y miedo a no dar la talla. Cuando exigimos demasiado a los  niños, los obligamos a vivir en una competición constante y no dejamos tiempo para el desarrollo. Las consecuencias para su bienestar actual y futuro son evidentes.

  • El niño no valora el proceso, y no entenderá el error como parte del mismo.
  • Su autoestima y su autoconcepto dependerán y se apoyarán en los logros externos no en un conocimiento verdadero de su interior. Por lo tanto serán constructos muy frágiles.
  • Corremos el riesgo de que nunca estén satisfechos con sus metas o logros personales, siempre habrá alguien que tenga más que ellos, siempre podrán llegar más alto. Si la satisfacción se centra única y exclusivamente en la consecución o no del objetivo, sin importar el proceso, estamos condenando a los niños a la insatisfacción.
  • Serán niños inseguros. Si buscan la perfección en exceso y ser los mejores en todo están condenados a fallar, nadie puede ser perfecto en todo, nadie puede ser siempre el mejor en todo y por lo tanto siempre tendrán inseguridad.
  • Les educamos en valores externos, el valor de la persona está en sus logros no en su interior y eso afectará a sus relaciones sociales y a su bienestar personal.

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© 2020 ▷ Educa y Aprende ➡➤ [ El peligro de exigir demasiado a los niños ] Escuela de padres por Celia Rodríguez Ruiz | Psicóloga y Pedagoga @educa_aprende

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