Cómo Educar sin Perder los Nervios

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Educar es formar, pero educar sin perder los nervios, es todo un logro. El manejo de las emociones es uno de los retos más grandes para cualquier persona a cualquier edad, pero controlar tus propias emociones al mismo tiempo que ayudas a otro ser humano a controlar las suyas, se vuelve un reto monumental. Aunque suene difícil, educar sin gritos es posible.

Los estudios muestran consistentemente que gritar es una de las ocho estrategias de disciplina que pueden empeorar los problemas de comportamiento. Sin darnos cuenta, nos vemos un círculo vicioso: gritar conduce a un mal comportamiento que conduce a más gritos, lo que, eventualmente, puede arruinar las relaciones dentro del hogar.

Uno de los problemas más grandes con los gritos es que los niños pueden aclimatarse a ellos, lo que significa que llegarán a no darles importancia y perderán por completo su objetivo de intimidar para detener una mala conducta, esto va a provocar que la tensión vaya irremediablemente en aumento.

Otro problema con los gritos es que no constituyen una forma de corrección de conducta, ningún niño aprenderá cómo mantener su habitación ordenada si siempre le gritan por ensuciar.

La buena noticia es que sí es posible educar sin perder los nervios, estableciendo algunos patrones de conductas positivas y siendo perseverantes con ellas podemos inculcar en los niños conductas positivas con bases sólidas que ellos puedan comprender y asimilar.


12 consejos para aprender a educar sin perder los nervios

A continuación te dejamos 12 consejos sencillos para educar sin perder los nervios.

  • Establezca reglas claras

Una conducta recurrente en algunos hogares es dar indicaciones muy vagas que los niños muchas veces no saben interpretar. Es poco probable que los niños comprendan todo lo que implica: “portarse bien”, por lo cual es necesario darles reglas claras y concisas que puedan reconocer como el comportamiento deseable. También es recomendable que esas reglas permanezcan en un lugar visible de la casa y, a medida que vayan creciendo, se les explique las razones detrás de cada una, de modo que no piensen que sus padres las establecen de manera arbitraria. A nadie le gusta vivir en una autocracia y los niños entienden mucho más de lo que pensamos.

Para que comprendan que los castigos son consecuencias de su mal comportamiento, es necesario que al producirse la falta la consecuencia venga de manera inmediata, ya que, posponerla podría provocar que se pierda el sentido de causa y consecuencia, por eso debe aplicarse lo antes posible después de ocurrida o descubierta la falta.

Resista la tentación de gritar, regañar o sermonear. Cuando lo haga, es probable que sus palabras no le enseñen a su hijo a hacerlo mejor la próxima vez.

  • Establezca las consecuencias antes de tiempo

Cuando las reglas se rompen es importante que conozcan a cabalidad las consecuencias de dicho fallo, ellos deben saber con anticipación esas consecuencias, no será nada consecuente inventar castigos distintos para distintas faltas acorde al estado del tráfico o si era semana de pagar impuestos.

Use el tiempo de espera, elimine los privilegios o las consecuencias lógicas para ayudar a su hijo a aprender de un desliz de comportamiento.

Por ejemplo, podrías decir: “Si no haces tus tareas antes de la cena, no habrá televisión por la noche”. A partir de ahí, depende de su hijo tomar buenas decisiones. Dado que la pelota está en su cancha, será menos probable que le grites por no hacer sus tareas.

Considere qué consecuencias es probable que sean más efectivas. Tenga en cuenta que las consecuencias que funcionan bien para un niño pueden no funcionar para otro y que el castigo debe estar acorde con la gravedad de la falta.

educar sin gritar

  • Proporcionar refuerzo positivo

Motive a su hijo a seguir las reglas mediante el uso de refuerzo positivo. Si hay consecuencias negativas por romper las reglas, asegúrese de ofrecer también consecuencias positivas por su buen comportamiento constante.

Los niños podrían razonar que recibir un castigo por las faltas y no recompensa por un buen comportamiento es una injusticia y perder la motivación para seguir las reglas, con el tiempo podría ser algo contraproducente.

Las recompensas no necesariamente deben ser regalos, para los niños la aprobación de sus padres es una mejor recompensa que cualquier juguete de moda. Dele palabras de afirmación y reconocimiento: “Te felicito por hacer tus tareas temprano” o “Gran trabajo al recoger las hojas del patio”.

Reserve algo de tiempo individual todos los días para motivar a su hijo a seguir con el buen trabajo y será cuenta que de esta manera es más fácil no perder los nervios.

  • Sea consecuente

Para crear buenos hábitos en sus hijos es necesario que las reglas sean respetadas, así como sus consecuencias. Aunque es difícil mantener de forma constante el timón del barco derecho es un esfuerzo conjunto que se debe hacer, no es sano dejar pasar “de vez en cuando” un mal comportamiento debido al agotamiento o el estrés del día a día o sus hijos podrían interpretar que las reglas no son tan valiosas después de todo.

En el otro extremo, aplicar consecuencias fuertes a faltas leves o viceversa, también puede provocar falta de confianza en la autoridad de los padres o de su capacidad para mantener el control en el hogar, lo cual puede afectar la forma como ellos perciben los reglamentos y a la autoridad en general.

  • Frente común

Los adultos de la casa deberían mostrar un frente común al llevar a cabo la disciplina del hogar, respetando y haciendo respetar las reglas.

En primer lugar, es importante crear la normas en conjunto y estar todos de acuerdo en que cada regla es necesaria tanto para la seguridad como para el buen desarrollo de los niños.

Cuando, por algún motivo, surja un desacuerdo, no es bueno que los hijos presencien discusiones al respecto, podrían pensar que hay alguien “a su favor” y alguien “en su contra” en su hogar, en lugar de un equipo que vela por bienestar.

  • Crear un sistema de economía de fichas

Si su hijo tiene problemas con comportamientos particulares, podría ser útil crear un sistema de recompensas.

Los sistemas de recompensas, como los gráficos de calcomanías, funcionan bien para los niños más pequeños. Los niños mayores pueden hacerlo bien con los sistemas de economía de fichas.

  • Corrija su propio Comportamiento

No cabe la menor duda de que las presiones del día a día vuelven difícil la tarea de educar sin gritar, tanto para quien se queda en casa como para el que sale a enfrentar el tráfico, las emociones podrían tomar el control, lo cual es perjudicial tanto para las relaciones de toda la familia como para la salud del individuo. Por eso, si gritar se ha vuelto un hábito, es recomendable tomar acciones para corregir ese comportamiento y no perder lo nervios a la hora de disciplinar.

  • Examina las razones por las que gritas

Si se encuentra gritándole a su hijo, trate de averiguar por qué reacciona de esta manera. Si grita porque está enojado, aprenda estrategias para calmarse. Esto lo ayudará a modelar estrategias saludables de manejo de la ira.

Algunos pasos sencillos que puede tratar:

    • Respire profundo, desde su diafragma. No cometa el error de respirar con el pecho, haga una respiración desde su estómago.
    • Mientras respira, repita una palabra o frase relajadora.
    • Cree un “lugar seguro” donde pueda refugiarse en su mente cuando sienta que podría perder el control.
    • Haga ejercicio regular, no necesariamente tienen que ser ejercicios altamente demandantes, puede hacer algo como yoga.
    • Edúquese. Estas técnicas no son herramientas de emergencia, debe crearse un hábito para usarlas de forma automática cuando sienta que las emociones podrían llevar a intentar usar los gritos para educar.

educar en positivo

  • Tómese un tiempo de espera para ordenar sus pensamientos.

Cuando un mal comportamiento nos toma por sorpresa o es algo recurrente, no podemos evitar los sentimientos de enojo, los cuales en si no son malos, lo dañino es la forma de expresarlos. Si la situación no implica un peligro para los niños, lo más recomendable es esperar hasta estar en calma para aplicar un castigo, de esta manera los niños aprenden que el castigo es consecuencia de su mal comportamiento y no del enojo de sus padres.

  • Pruebe nuevas estrategias para llamar (y mantener) la atención de su hijo.

Con los niños son las palabras que usa y no el volumen con el que se pronuncian lo que ayudará a mantener su atención. Una actitud inesperada, como ponerse a cantar o bailar, si la situación es apropiada, o iniciar un juego pueden hacer que una lección sea asimilada de forma más efectiva, especialmente para los niños pequeños, quienes usted no desea que lo lleguen a percibir como una amenaza en lugar de una persona con quien refugiarse cuando tienen miedo.

  • Desarrolle un plan claro para abordar el mal comportamiento de un niño.

“Nunca haga amenazas que no puede cumplir”, es una regla de la negociación que también se aplica a la hora de disciplinar a nuestros hijos. Las amenazas vacías no harán más que restarle autoridad, por lo cual, no es recomendable que en un momento de ira lance toda clase de amenazas que, a todas luces, no se harán realidad.

Tenga claro que, si las reglas existen, también existe la posibilidad de que sean quebrantadas en alguna ocasión y usted debe estar preparado para afrontar la situación en el momento en que se presente con consecuencias lógicas y acorde con la gravedad de la falta.

Puede hacer escenarios mentales para cada situación y estar preparado para tomar la actitud correcta en cada caso y no emplear los gritos para corregir.

  • Ofrezca advertencias cuando sea apropiado

En lugar de gritar, advierta a su hijo cuando no escuche. Si usa una frase “cuando… entonces”, les informa sobre el posible resultado una vez que lo cumplan. Di algo como: “Cuando hayas acabado la tarea, podrás ver televisión”.

Los niños son capaces de comprender las causas y consecuencias desde muy temprana edad y hacer advertencias ocasionales puede ayudarlos a mantener presente que cumplir las reglas y el buen comportamiento va a reportarle beneficios y evitar la necesidad de aplicar los correctivos.

¿Cuándo buscar ayuda profesional?

La ira es una emoción natural y hasta necesaria en nuestra vida, sirve de respuesta a amenazas y nos permite defendernos cuando nos sentimos atacados. Sin embargo, cuando esta emoción no se maneja de forma adecuada puede representar un problema en la vida, tanto para quien la siente como para las personas a su alrededor.

Si la ira se vuelve una emoción difícil de controlar, si se realizan acciones dejándose llevar por ella al grado que impida llevar una vida normal, es una advertencia de que es necesario buscar ayuda profesional antes que los problemas de manejo de la ira afecten la forma de educar a los hijos y ejerza una influencia negativa en su vida.


Conclusión. Cómo aprender a educar sin gritar

Las conductas más rígidas suelen provocar reacciones de rebeldía y desafío a la autoridad, los gritos despiertan luchas por el poder, y en lugar de un hogar, podrían provocar que su casa sea un campo de batalla. Lo más preocupante de estas reacciones es que se extienden fuera del hogar llegando a la escuela, donde los niños y jóvenes verán en sus maestros, o cualquier figura de autoridad, un enemigo al cual vencer.

Piense cuidadosamente qué consecuencias serán apropiadas para educar sin gritar ni tomar acciones físicas, teniendo en cuenta que retirar privilegios, tiempo de recreo y comidas especiales, dará mejores resultados a la hora de crear un cambio de conducta en sus hijos.

Evite regañar o repetir una advertencia una y otra vez. En su lugar, siga adelante con la consecuencia establecida para demostrar que lo que dices es en serio. La disciplina constante es la clave para que su hijo cambie su comportamiento y se vuelva más obediente.

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