Cuento infantil: El laberinto

Cuento infantil para enseñar a los niños y niñas a escuchar a su corazón y encontrar la salida a los laberintos que nuestras ideas crean.

Flucho era un señor bien parecido que siempre iba bien vestido cuando salía de su casa. Pero cuando volvía a casa e intentaba llegar a su hogar para descansar, entraba sin saber cómo en un misterioso y complicado laberinto del que era casi imposible salir.

Eran horas las que se pasaba todos los días en el laberinto intentando entrar en su casa, y al final dejaba de ser un señor bien parecido y de ir bien vestido. Después de varias horas en el laberinto llegaba a casa, sin saber muy bien como lo había hecho. Cada mañana se vestía bien e ideaba algo para no volver a caer en el complicado laberinto a su vuelta. Pero todo era imposible, intentó echar migas de pan, pero se las comían los pájaros, intentó dejar un camino con piedras de colores, pero se las llevaban los niños, intentó dejar bolitas de papel, pero se las llevaba el aire. Y siempre acababa metido en aquel misterioso y complicado laberinto. Desesperado estaba Flucho al tener que pasar cada día por el laberinto.

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Un día inmerso en el complicado laberinto encontró una hormiguita que parecía ir de un lado a otro sin dificultad, que se movía por el laberinto encontrado el camino a gran velocidad.

-Hormiguita-dijo el señor Flucho- ¿cómo encuentras el camino en el laberinto? Yo siempre me pierdo y tardo horas en encontrar la salida.

La hormiguita le respondió algo que le dejó muy sorprendido:

-No hay ningún laberinto señor. Al menos yo no lo veo. Las hormigas somos ciegas, yo me guio por las antenas. Tal vez si cierras los ojos, dejarás de ver el laberinto y si no lo ves podrás guiarte por tu intuición, o por tu corazón. Tú no tienes antenas pero tienes intuición y corazón.

El señor Flucho quedó muy sorprendido. Estaba seguro de que había un laberinto, si la hormiguita no lo veía sería porque estaba ciega. Estaba seguro de ello.

Al día siguiente, desesperado en su laberinto, vio a un perrito moverse sin problema dentro del laberinto, observó como se desplazaba de un lado a otro del laberinto encontrando el camino.

-Perrito-dijo el señor Flucho- ¿cómo encuentras el camino en el laberinto? Yo siempre me pierdo y tardo horas en encontrar la salida.

El perrito le respondió:

-No hay ningún laberinto señor. Al menos yo no lo veo. Las perros no tenemos buena vista, yo me guio por mi olfato. Tal vez si cierras los ojos, dejarás de ver el laberinto y si no lo ves podrás guiarte por tu intuición, o por tu corazón. Tú no tienes mi olfato pero tienes intuición y corazón.

El señor Flucho estaba convencido de que había un laberinto. Al día siguiente decidió, aunque sin mucha esperanza, cerrar los ojos como le habían dicho la hormiguita y el perrito. Entonces cuando cerró los ojos, sin saber cómo su corazón, su intuición hicieron de olfato y de antenas y rápidamente llego a su hogar.

Desde entonces el laberinto desapareció. A veces nuestra ideas nos crean un laberinto que llegamos a ver, pero que solo está en nuestra cabeza. Si hacemos caso a nuestra intuición y escuchamos a nuestro corazón no solo encontramos el camino, sino que no existe el laberinto.

TRABAJAMOS CON EL CUENTO

A través de la lectura del cuento, los niños y niñaspodrán comprobar que nuestras ideas nos hacen crear un laberinto del que es difícil salir. Somos capaces de ver el laberinto, pero necesitamos destruir el laberinto que nosotros mismos hemos creado. Para ello es fundamental escuchar a nuestro corazón, dejar salir nuestras emociones y seguir nuestros pasos.

Ficha el laberinto_003

FICHA ACTIVIDADES CUENTOEL LABERINTO.

  1. ¿Por qué le costaba llegar a su casa al señor Flucho?
  2. ¿Por qué crees que nunca encontraba el camino?
  3. ¿Por qué la hormiguita y el perrito se movían sin dificultad en el laberinto?
  4. ¿Crees que el laberinto existía?
  5. ¿Qué ocurrió cuando cerró los ojos?
  6. ¿Qué aprendió Flucho?
  7. ¿Por qué desde entonces el laberinto desapareció?
  8. Piensa en alguna ocasión en la que te hayas encontrado en un laberinto de ideas sin encontrar la solución o la salida
    1. ¿Cerraste los ojos para escuchar a tu corazón?
    2. ¿Identificaste lo que sentías?
    3. ¿Te costó encontrar el camino?

Celia Rodríguez Ruiz

Psicóloga y Pedagoga

@Celia_RodrigRu

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