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Para qué sirve la tristeza

La tristeza es una de las emociones reconocidas como básicas, junto con la alegría, la ira, la sorpresa, el amor, el asco y el miedo, forman el repertorio emocional básico. Los seres humanos somos seres emocionales, y por lo tanto, cada una de las emociones, tanto las positivas como las negativas cumple una función adaptativa y necesaria para el equilibrio psíquico y emocional.

La tristeza, aunque es una emoción considerada negativa, es una emoción necesaria en determinadas situaciones adversas, que nos permite la reflexión, el reajuste y obtener el consuelo necesario. Sin embargo, en la sociedad actual, sociedad en la que el bienestar es una imposición, la tristeza no está bien vista y desgraciadamente suele suprimirse con graves consecuencias.

Desde la infancia nos enseñan a reprimir la tristeza, a ocultar nuestras lágrimas y en su lugar mostrar nuestra mejor sonrisa, hacer como sí nada y encerrar nuestra tristeza dentro muy dentro. De este modo los niños y niñas crecen aprendiendo a ocultar la tristeza, ocultarla no va a hacerla desaparecer. Una parte muy importante de la educación emocional consiste en educar a nuestros pequeños para una adecuada gestión de las emociones negativas, permitiendo que cumplan su función y puedan así desaparecer.

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El flujo de las emociones

Todas las emociones surgen como respuesta a determinados acontecimientos que nos rodean, a la interpretación que hacemos de los mismos y a como nos sentimos con el acontecimiento y el sentimiento. En la valoración y las sensaciones que acompañan a los acontecimientos son determinantes nuestras experiencias y recuerdos, así como nuestra educación y el bagaje cultural de nuestra sociedad. Es decir, tenemos unas creencias en nuestra mente (fruto de nuestros recuerdos y la transmisión social) sobre lo que nos ha de resultar triste, lo que nos debe dar asco y lo que nos debe provocar alegría o cualquier otra emoción.

¿Para qué sirve la tristeza?

En cualquier caso, toda emoción es la respuesta natural a una situación, una respuesta que tiene una función. En el caso de la tristeza, es la respuesta natural a una situación u acontecimiento que se caracteriza por una perdida, por un fracaso, o desgaste de energía. La tristeza nos provoca un descenso de actividad, desmotivación, y aumento ligero de la actividad cardiaca y neurológica. La tristeza por lo tanto permite la reflexión,  el análisis y el encuentro con uno mismo, nos sirve para ahorra energía y descansar tras mucho desgaste. Además la expresión de la tristeza tiene la función de pedir consuelo y apoyo a los seres queridos.

La tristeza es una emoción necesaria para superar la situación adversa, y para lograr el necesario reajuste de la perdida, la adaptación a la nueva situación y el aprendizaje y análisis del fracaso que nos permite el desarrollo. La tristeza, a pesar de ser negativa, cumple una función muy importante, reprimirla solo conlleva consecuencias negativas.

Consecuencias de reprimir la tristeza

Reprimir la tristeza es poner barreras a la recuperación. Ocultarla y hacer como sí nada, es como si al rompernos una pierna intentamos andar como sí nada. Si así lo hacemos, puede que acabe mal sanando la pierna pero mantendremos una lesión para siempre que nos permita andar bien. Con las emociones negativas y en este caso la tristeza ocurre lo mismo, reprimirla solo nos lleva a dejarla dentro, y en muchos casos alimentarla. Negar la tristeza o reprimirla no acaba con ella, esa tristeza acaba saliendo tiempo después, magnificada o acaba alternado nuevas interpretaciones buscando una salida.

Enseñar a los niños y  niñas a no negar, a no reprimir su tristeza

Vivimos en un mundo en el que impera el bienestar, en el que la diversión y la gente simpática, optimista y activa son populares y los que no se muestran así caen en el saco de la impopularidad, del poco valor social. Estar feliz se convierte en una obligación, a pesar de las situaciones adversas, a pesar de la pérdida, a pesar del dolor y del fracaso. Pero precisamente para ser feliz, tenemos que dejar que las emociones negativas cumplan su función. Desde pequeños enseñamos a los niños y niñas a no llorar, les decimos expresiones del tipo: “no llores que te pones muy feo/a cuando lloras”, “no pasa nada, no tienes que estar triste”, de este modo poco a poco les transmitimos que estar triste es malo, que no pueden verte triste. Es importante romper con esto y educarles para que sean capaces de sentir todas sus emociones y expresarlas, de vivirlas y aprender de ellas para llegar a ser felices. Veamos algunos consejos:

  • Nunca reprimas su tristeza. En lugar de ello proporciónale consuelo cuando llore.
  • No te burles de su tristeza, ni dejes que otros se burlen de ella. (es muy normal que cuando un niño/a llora, le tachemos de llorica o llorón y se hagan burlas.)
  • Deja que te explique porque está triste, ayúdale a reflexionar gracias a la tristeza y a ir más allá. No se trata solo de llorar, sino de descansar y reflexionar.
  • Permite su tiempo de duelo ante grandes pérdidas o acontecimientos adversos, ese proceso es necesario para el consiguiente reajuste.
  • Explícale que es normal sentirse triste ante determinados acontecimientos, que a ti también te pasa, pero que lo importante es buscar soluciones.

Celia Rodríguez Ruiz

Psicóloga y Pedagoga

@Celia_RodrigRu

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