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La ruptura vincular en la infancia

Todas las personas establecemos vínculos con los que nos rodean, esos vínculos tienen especial importancia en la infancia, en plena etapa de desarrollo afectivo.

Los vínculos tienen una importancia crucial para el desarrollo de la identidad y personalidad, una ruptura vincular supone una ruptura de alguno de nuestros vínculos centrales. A lo largo de la vida serán varias las rupturas vinculares a las que debemos enfrentarnos por diversas causas, siendo la infancia una etapa especialmente sencilla a la ruptura vincular.

La ruptura vincular en la infancia supone que por alguna razón el niño tenga que romper sus vínculos de apego primarios, esos vínculos que establece con las figuras de apego. La ruptura vincular lleva un proceso de duelo y de reasignación de significados.

La importancia de los vínculos en la infancia

Los seres humanos somos seres sociales por naturaleza, pero no solo sociales, somos seres afectivos. Nuestros vínculos sociales se apoyan en importantes lazos afectivos que van desde la familia, la pareja, la paternidad a la amistad y el compañerismo.Los vínculos cobran un importante papel para el bienestar de la persona y para su identidad.

Se trata de sentirnos queridos por alguien, de sentir que somos considerados, de darnos cuenta de que somos valiosos e importantes para alguien. Esa conciencia ayudará a que se forme nuestra identidad y servirá de apoyo a nuestra autoestima.

Durante la infancia estos vínculos cobran mayor importancia aún si cabe. Ya que en esta etapa es cuando las personas son más dependientes. Durante la infancia es cuando más se necesita del cariño y cuidados de otras personas, además estos vínculos serán la base de los vínculos futuros.

La ruptura vincular en la infancia

La ruptura vincular implica la ruptura de los vínculos de apego más importantes de la persona. Esta ruptura puede ser debida a varias causas, siendo las más comunes: fallecimiento, divorcios, separaciones, etc. Sea la causa que fuera, la ruptura tiene lugar cuando una persona con la que teníamos establecido un vínculo importante desaparece de nuestras vidas y con dicha desaparición el vínculo se rompe.

La ruptura del vínculo es vivida como una autentica pérdida y conlleva un proceso de duelo que debe ser superado para el bienestar y para establecer nuevos vínculos.

Cuando la ruptura vincular se produce en la infancia, tiene mayores implicaciones al tratarse de un periodo de mayor sensibilidad. El niño necesita a sus figuras de apego y necesita los vínculos que ha establecido con ellas. A medida que se avanza en el desarrollo estos vínculos se irán consolidando y transformando, pasando por diferentes etapas. Pero cuando el vínculo se rompe puede dejar una huella importante en el desarrollo afectivo de los niños y marcar sus posteriores vínculos y relaciones.

¿Cuándo se produce una ruptura vincular en la infancia?

En la infancia la ruptura vincular ocurre cuando el niño se separa afectivamente de uno de sus progenitores. Es decir, el niño rompe el vínculo afectivo con su padre o con su madre, y en ocasiones con ambos. Las razones por las que un niño se separa afectivamente de sus padres suelen ser diversas: la muerte, el abandono de alguno de los padres, causas legales que obliguen a una separación, etc.

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¿Cómo vive el niño la ruptura vincular?

El niño vive la ruptura vincular como un abandono con todo lo que ello implica. Es decir:

  • El niño se siente inseguro ya que perder el vínculo implica perder esa seguridad que aporta el sentirse querido.
  • El niño siente que no es digno de ser querido y su autoestima se resiente.
  • Puede aparecer un miedo al abandono que marcará las futuras relaciones, o bien aferrándose poco a las mismas, o bien aferrándose demasiado.
  • El niño vive la ruptura como una pérdida y ha de pasar por un duelo.

Consejos para ayudar al niño con la ruptura vincular

  • El primer consejo es evitar las rupturas vinculares. A veces hay situaciones que no podemos evitar y éstas pueden implicar distancia física, pero siempre podemos mantener un acercamiento emocional.
  • En caso de no poder evitar la ruptura como en el caso de fallecimiento, trataremos de cubrir las necesidades afectivas del niño desde otras figuras. Nunca serán una figura que reemplace a aquella que se ha perdido pero siempre podremos aportar una cobertura a sus necesidades.
  • Explicaremos al niño el porqué de la pérdida, de este modo podrá darle sentido sin sentirse culpable.
  • Le ayudaremos en su proceso de duelo y respetaremos el mismo.

Celia Rodríguez Ruiz

Psicóloga y Pedagoga

@educa_aprende

 

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