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Los niños que crecen en un hogar tóxico

Cuando nos encargamos de la tarea de educar y criar a un niño, una de nuestras mayores preocupaciones es su felicidad y bienestar. Para lograr esta felicidad y bienestar la familia tiene un papel clave. La familia, el hogar en el que crece el niño es uno de los pilares básicos de su desarrollo y bienestar, como fuente que aporta confianza, seguridad, autoestima, valores, afectos, etc. En muchas ocasiones descuidamos o no prestamos atención al clima familiar en el que crece el niño. Si queremos garantizar el bienestar del niño, debemos prestar atención al hogar en el que crece y se desarrolla y evitar que los niños crezcan en un hogar tóxico.

El hogar en el que crece el niño

El hogar en el que el niño crece tiene mucha importancia en su desarrollo. Cuando hablamos de hogar nos referimos a la familia y todo lo que aporta. La familia, sea del tipo que sea, constituye el primer núcleo social del niño y el más importante.

  • En el seno de la familia el niño establece los primeros vínculos afectivos, y desarrolla un patrón afectivo que va a determinar sus futuras relaciones afectivas y formas de interaccionar. 
  • El niño se crea una imagen de sí mismo en función de la imagen que le aportan sus seres más cercanos, en la interpretación que hace de esa imagen y en el sentimiento que provoca esa imagen. 
  • El niño aprende unos valores y normas sociales. 
  • El hogar o la familia se constituye en una fuente de amor y consuelo. Siendo un entorno donde el niño debería sentirse aceptado, debería sentirse seguro y protegido. 

hogar tóxico

Hogar sano y hogar tóxico

El hogar o la familia que acompaña al niño durante los primeros años de vida es determinante para su desarrollo y bienestar presente y futuro. Podemos distinguir, a grandes rasgos hogares sanos y hogares tóxicos, aunque lo habitual será moverse en  un continuo en esa línea entre lo saludable y lo tóxico.

  • Hogar sano. El hogar sano está constituido por una familia que responde a las necesidades del niño y favorece un desarrollo sano y un apego seguro. El niño se siente seguro y protegido. Un hogar sano esta formado por una familia que escucha, que acepta y respeta, y de este modo es una fuente excepcional de seguridad, apoyo y afecto que garantiza el bienestar emocional de los niños. 
  • Hogar tóxico. Un hogar tóxico es aquel en el que la familia, ya sea alguno de los miembros, el clima familiar, las relaciones, etc. se constituye en una importante fuente de estrés para los niños. En estos casos la familia ejerce un influjo negativo que afecta al desarrollo sano y bienestar emocional de los niños, causando graves secuelas que continúan en la edad adulta. Son familias que tienen actitudes dañinas a la hora de educar (gritos, etiquetas, criticas), que no atienden las necesidades emocionales del niño y que afectan a su autoestima, confianza y seguridad emocional. En muchas ocasiones una familia tóxica no es consciente de que lo es, normalmente son familias preocupadas por el bienestar del niño, pero con estilos educativos disfuncionales, con patologías de alguno de los adultos que afectan al niño, con un clima familiar negativo (discusiones y descalificaciones constantes aunque no sean directamente sobre el niño). 

Consecuencias de los hogares tóxicos en el niño

Cuando un niño crece en un hogar tóxico se ve afectada su estabilidad emocional y afectiva y esto puede tener graves consecuencias en su desarrollo.

  • El niño tiene un autoconcepto poco ajustado y negativo y una baja autoestima. 
  • El patrón afectivo no responde a un apego sano, suelen ser patrones ansiosos y dependientes. 
  • No tienen seguridad en sí mismos. 
  • Están sometidos a estrés y ansiedad. 
  • En el futuro serán personas inseguras, con una probabilidad de establecer relaciones tóxicas y conductas dependientes. 

Consejos para evitar un hogar tóxico.

  1. Crea un apego seguro. Responde a las necesidades emocionales y afectivas del niño para que tenga seguridad y confianza en las personas más cercanas. 
  2. Evita las etiquetas, comparaciones y críticas a la persona, ya sea el niño o cualquier otro miembro de la familia. En lugar de criticar a la persona, critica la conducta. 
  3. Evita la sobreprotección. La sobreprotección también tiene efectos negativos. 
  4. Evita los gritos, establece estilos de comunicación afectivos y asertivos. Se trata de escucharnos todos y poder hablar todos. Aunque estemos enfadados podemos comunicarnos sin gritos. 
  5. Practica la escucha activa con los niños y con todos los miembros de la familia, el niño se sentirá escuchado y valorado y mejorará notablemente el clima familiar. 
  6. Evita transmitir miedo. No podemos hacer que el niño se comporte siguiendo las pautas de una disciplina punitiva basada en el miedo, en su lugar emplea una disciplina positiva. 
  7. No hagas sentir culpable al niño, ni tampoco a otros miembros de la familia. El niño nunca debe sentirse culpable por nuestras emociones.
  8. Trabaja tu inteligencia emocional y educa sus emociones. No debemos ocultar o suprimir emociones negativas, sino aceptarlas, comprenderlas y gestionarlas de manera adecuada. 
  9. No condiciones el amor. No debemos darle cariño cuando hace algo bien bajo ningún concepto. El amor y el afecto no son monedas de cambio o premios por una buena conducta, deben estar presentes tanto cuando el niño se comporta bien, como cuando no lo hace. 
  10. Respeta y acepta su forma de ser. No intentes cambiarle y no le hagas sentir culpable por ser como es, ayúdale a crear un autoconcepto ajustado y una sana autoestima. 

Celia Rodríguez Ruiz

Psicóloga y Pedagoga

@educa_aprende

 

 

 

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