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La falta de autoridad de los padres

Educar a un niño nunca ha sido una tarea sencilla, hoy en día, además nos encontramos con un estigma complicado: la falta de autoridad de los padres.

Seguramente todos hemos observado alguna vez niños que desafían las normas de los adultos, que se oponen a cumplir cualquier norma en el colegio, en un restaurante (se levantan de la mesa, corren entre las sillas, etc.), en el cine (hablan en alto, tiran cosas al suelo, etc.), etc. Son niños que llevan al límite ciertos actos, no se trata de simples juegos normales de la infancia, está claro que los niños tienen que jugar, moverse, estar activos y hacer ruido, se trata de actos que pueden llegar a molestar a los demás y que alteran la convivencia entre las personas.

Las familias se enfrentan, en ocasiones a un desafío difícil de controlar, la falta de autoridad.

 

La falta de autoridad de los padres

Los modelos educativos actuales no son estrictos y autoritarios como lo eran antaño, actualmente se optan por modelos basados en el respeto al niño y el cariño. Esto es sano y positivo para el desarrollo del niño. Pero no debemos confundir la crianza respetuosa con la ausencia de límites o disciplina.

En muchos casos la alternativa al excesivo autoritarismo se convierte en un permisivismo extremo que convierte a los niños en pequeños déspotas, en niños tiranos que no aceptan ninguna norma y que creen que sus derechos están por encima de todo.

 

La falta de autoridad de los padres

El peligro de la falta de autoridad de los padres

La falta de autoridad de los padres tiene consecuencias negativas que van mucho más allá de la mala conducta actual del niño.

  • La ausencia de límites, hace que los niños crezcan consentidos, acostumbrados a imponer su criterio. 
  • Son niños incapaces de aceptar normas, no entienden el NO, y se convertirán en adultos con dificultades para cumplir normas (horarios, compromisos, normas de convivencia, etc.), difícilmente convivirán o se relacionarán con otra personas ya que tenderán a imponer sus normas, y difícilmente se adaptarán a obligaciones familiares y laborales. 
  • Serán personas inseguras, no entenderán que sus actos tienen consecuencias y que está en su mano cambiar las cosas. Al contrario pensarán que lo que les sucede es culpa de los demás, o del sistema o de la mala suerte y esto les generará malestar, incertidumbre e inseguridad. 
  • Se convertirán en adultos que no toleren la frustración e incapaces de auto controlar la conducta. No se trata de vivir frustrados o de ejercer un control excesivo, pero sí de tolerar que a veces no tenemos razón, de tolerar que la gente no siempre hace lo que nosotros queremos o de controlar y por ejemplo no estirarnos en una reunión, no insultar a alguien aunque estemos enfadados y expresar nuestro enfado desde el respeto.

Consejos para recuperar la autoridad positiva

Es muy importante educar desde el respeto a los niños y  ofrecer un cariño incondicional, pero es igual de importante no caer en estilos educativos demasiado permisivos y negligentes ya que las consecuencias para el desarrollo del niño son tremendas.

No se trata de regresar a posturas autoritarias en exceso, que debemos evitar ya que dañan a los niños. Si no de ofrecer una alterntativa basada en la disciplina positva que pueda ofrecer límites y normas desde el respeto, enseñando a los niños a ser respetuosos con los demás.
  • Propón normas claras y concisas que se adapten a la edad del niño y se basen en el respeto a la infancia. Se trata de entender que el niño tiene que actuar como un niño y que no podrá mantenerse siempre quieto como si fuera un adulto, pero debemos dejarle claro que hay ciertas cosas que no puede hacer, sobre todo aquello que moleste a los demás. 
  • Es importante que el niño aprenda a aceptar normas. No es bueno que crea que puede hacer todo lo que quiera. Serán normas respetuosas y comprensibles, que garanticen la convivencia, como por ejemplo: responder de manera respetuosa y no pegar a otros niños, respetar tiempo de descanso y de comidas de otras personas, etc. 
  • No cargar de emociones ni la conducta del niño, ni las normas que deben cumplirse. Se trata de dejar las normas claras, pero no tomarlo como algo personal o emocional. Se trata de no cargar el enfado contra el niño, no etiquetarle, simplemente recordar la norma y lo que ocurre si no se cumple. 
  • Enseñar al niño a cumplir compromisos. 
  • Decirle que no en algún momento. Aunque queramos que los niños sean felices, la felicidad no viene de darles todo lo que quieran, a veces necesitan un no.

Celia Rodríguez Ruiz. Psicóloga y Pedagoga

@educa_aprende

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