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Cuento: La casa de las conchas

Cuento para aprender a esforzarse por lograr los sueños.

La casa de las conchas, se situaba en una de las calles más céntricas del pueblo. Era lugar de paso casi obligado para ir a cualquier sitio, tenía toda la fachada llena de conchas que decoraban la casa, y la hacían llamativa para todo el que por allí pasase. Todos los habitantes del pueblo conocían la casa de las conchas, todos pasaban por allí a diario. Pero nadie sabía quién vivía en aquella singular casa. Muchos pensaban que era de alguien de fuera del pueblo y que venía muy pocas veces al pueblo, otros pensaban que estaba abandonada y que seguramente algún familiar lejano de los dueños originarios se ocupaba de mantener la casa. Cierto era, que nunca habían visto a nadie entrar o salir de aquella casa, pero cierto también era que la casa estaba cuidada y no parecía abandonada.

Una tarde de verano, cuando los niños no tenían que ir al colegio y no tenían nada mejor que hacer que jugar, y explorar las calles del pueblo. Unos niños jugando estaban cerca de la casa de las conchas. Intrigados, como la mayoría de los habitantes del pueblo por quien vivía en la casa, los niños trataban de ver a través de las ventanas, trababan de mirar por encima de los muros del patio.

Y en eso estaban, cuando de pronto, como invitándoles a entrar, la puerta del patio se abrió ligeramente, cómo empujada por el viento. Los niños se miraron unos a otros, algo asustados, pero intrigados. Asomaron sus cabezas por el patio con mucha cautela. El interior, no se diferenciaba tanto de otras casas del lugar, dos grandes higueras una en cada esquina del patio, con grandes ramas que amenazaban con golpear la cabeza de los despistados, algunos árboles frutales, flores, y un gato de pelo anaranjado que maulló al observar a los niños en la puerta.

-Hola- dijeron los niños- ¿hay alguien?

No recibieron respuesta y abrieron un poco más la puerta. Pudieron ver la casa al fondo del patio y una tortuga que paseaba pausadamente por aquel jardín florido de secano.

-Hola- repitieron los niños, algo nerviosos.

Y esta vez, casi salen corriendo cuando obtuvieron respuesta.

-Hola- les respondió una voz grave- ¿queréis un poco de limonada? Acabo de prepararla.

Los niños pudieron ver a un anciano, casi detrás de una de las higueras. Tenía un curioso aspecto, iba descalzo y hubiera parecido desaliñado sino fuese por la pulcritud de su desaliño. El anciano parecía afable y los niños se acercaron a su alrededor a tomar limonada. Y fue entonces cuando aquel adorable anciano les contó la historia de la casa.

El anciano les conto como él mismo había construido aquella casa hacía ya muchos años. La casa, en la que decía había vivido toda su familia. Contaba la historia con voz agradable y de vez en cuando introducía alguna anécdota familiar o recitaba algún poema de memoria. Los niños escuchaban con la boca abierta.

-¿Y las conchas?-pregunto uno de los niños.

-En la fachada de la casa, hay exactamente 643 conchas- respondió el anciano- son conchas traídas de un mar lejano, hace muchos años cuando empecé a construir la casa. Cuando comencé muchos decían que no podría hacerlo y cuando termine puse una concha que indicaba que  había cumplido un sueño. A partir de entonces cada vez que cumplía uno de mis sueños o uno de mis familiares lo hacía pegábamos una nueva concha. De esta manera podíamos tener presente que cada vez que nos esforzábamos un sueño se cumplía, a veces era muy difícil, pero el truco siempre consiste en no desanimarse, en aprender de los errores y seguir intentándolo. Después comenzamos a pegar una concha por cada vez que una persona del pueblo conseguía un sueño. Ya llevamos nada más y nada menos que 643, son muchas conchas, muchos sueños cumplidos.

Se estaba haciendo tarde y los niños volvieron a sus casas. Al día siguiente regresaron a la casa de las conchas pero todo estaba cerrado y ni rastro del anciano, ni tampoco del gato y la tortuga. Regresaron durante varias tardes, pero no volvieron a ver al anciano. Intentaron volver algunas tardes los veranos siguientes pero no le encontraron.

Eso sí, cada verano contaban las conchas y el número aumentaba, y los niños se alegraban de que la gente del pueblo cumpliera sus sueños. Ellos también lucharon por cumplir los suyos, ya que ahora sabían que cuando uno se esfuerza es posible.

cuento infantil, cuento para niños

TRABAJAMOS CON EL CUENTO

A través de la lectura del cuento, los niños y niñas comprenderán que el esfuerzo les ayuda a conseguir sus sueños. Conseguir los sueños es posible, aunque a veces nos digan que no lo lograremos, pero tenemos que insistir y no tirar la toalla. También es importante tener presente los sueños que cumplimos para recordar que podemos hacerlo y que solo necesitamos un poco de esfuerzo.

FICHA ACTIVIDADES CUENTO LA CASA DE LAS CONCHAS

  1. ¿Por qué crees que todos conocían la casa de las conchas?
  2. ¿Cómo encontraron los niños al anciano?
  3. ¿Por qué crees que el anciano las pegaba en la fachada?
  4. ¿Crees que el esfuerzo le sirvió de algo?
  5. ¿Crees que aprendía cosas?
  6. ¿Cómo crees que se sentía cada vez que conseguía un sueño?
  7. ¿Cómo crees que pudo hacerlo?
  8. ¿Cómo crees que se sintió mientras lo intentaba?

Cuento escrito por: Celia Rodríguez Ruiz

Psicóloga y Pedagoga

@educa_aprende

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